Los dragones en la historialos dragones

Ayer leímos sobre el águila arpía, que está en peligro de desaparecer. Hoy vamos a leer sobre otros animales, que nunca, nunca podrán desaparecer.
Cuando piensas en un dragón, ¿qué te imaginas? Tal vez una piel verde, cubierta de escamas, unas patas rematadas en garras y unas alas de murciélago. Quizás también pienses en una pequeña cabeza de aspecto malvado colocada al final de un cuello largo y retorcido. ¡Y no hablemos de su ardiente aliento, que puede convertirte en una rebanada de pan tostado si te acercas! Ésa es una de las clases de dragones que hay pero, créeme, los dragones también pueden ser amables. Por eso tienen tanto poder las varitas mágicas y las pociones hechas con fibras de corazón de dragón.
Los dragones se diferencian mucho entre sí según el lugar del que procedan. Los dragones asiáticos, por ejemplo, no tienen alas ni echan fuego por la boca, y dan la sensación de estar hechos con partes de animales diferentes: tienen cuerpo de serpiente cubierto de escamas de pescado, cabeza de camello, bigotes de bagre, cuernos de ciervo y ¡melena! Además, son corteses e inteligentes, protegen los ríos y traen buena suerte. Recuerdo haber conocido a Chieng-Tang, el dragón de los ríos, en China. Medía nada menos que 270 metros, y era de piel rojiza.
En la antigua China sólo el emperador podía llevar en sus túnicas un dragón con patas terminadas en cinco dedos.
¡Cuántas veces me habrán contado la historia de Sigfrido y el dragón Fafnir mis amigos vikingos! Sigfrido era un guerrero apuesto y valiente, pero... no muy espabilado. Un enano malvado lo convenció de que atacara a Fafnir, un dragón que tenía una piel tan dura que ninguna espada podía atravesarla. Casualmente, el padre del enano poseía enormes montones de oro y joyas custodiadas por Fafnir. Pero el perverso enano guardaba otro gran secreto: en realidad él y Fafnir eran hermanos. Fafnir había matado a su padre y a continuación se había convertido en dragón para custodiar el tesoro. El enano reconstruyó la espada de Sigfrido, haciéndola mucho más poderosa que nunca (porque los enanos son los mejores herreros del mundo). Un buen día Sigfrido y el enano se ocultaron por las inmediaciones de la cueva del dragón. En cuanto Fafnir salió a tomar el fresco, Sigfrido le clavó la espada en la panza y lo mató.
El héroe sacó el corazón del dragón y lo puso a asar en unas brasas, pero se quemó los dedos.
¿Por qué dije que los dragones no podrán desaparecer nunca?

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Janice Eaton Kilby, “Los dragones en la historia” en El libro de juegos del aprendiz de mago. México, SEP-Océano, 2003.

 

Lectura con 424 palabras.

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