Lola y el fantasma

Estándar
Cuando el capitán volvió en sí, tuvieron que convencerlo de que efectivamente no había ningún fantasma en el dormitorio. Luego, él contó a Lola y al abuelo los terribles sucesos que lo habían llevado a abandonar su casa en medio de la noche.
–Mi torre se ha vuelto inhabitable –concluyó–. Ya no tengo hogar.
–Exactamente –dijo Lola–. Eso mismo dice el periódico. Que mucha gente ha tenido que abandonar sus casas porque ya no podían soportarlo.
El capitán Jonás, con la mirada absorta y melancólica, murmuró:
–Tener que dormir debajo de un puente…
–¡Cómo crees! –dijo el abuelo–. Nos conocemos desde hace mucho tiempo, capitán. Desde luego, puedes contar conmigo. Y con Lola también, ¿verdad?
–Claro– dijo Lola.
Pero el capitán Jonás se limitó a menear tristemente la cabeza.
–Un sin techo –dijo–. ¡A mi edad! Un vagabundo solitario que va pidiendo limosna de puerta en puerta…De noche durmiendo en algún establo y de día recorriendo carreteras llenas de barro…
–¡Cómo crees! Todo se arreglará –dijo el abuelo–. Encontraremos una solución. ¿Verdad, Lola? –Claro –asintió Lola.
–Escucha –dijo el abuelo–. Si ya no puedes vivir en tu torre, te vienes a vivir con nosotros. Muy sencillo. ¿Verdad, Lola?
–Claro –asintió Lola de nuevo.
–Y Lola te dejará su dormitorio.
–¡Ni hablar! ¡Ni lo pienses! –gritó Lola.
–Cómo eres, Lola –dijo el abuelo–. ¿Qué te cuesta hacerle ese pequeño favor al capitán?
–¡Que duerma en tu habitación!
–Yo renunciaría a ella con gusto; tú lo sabes, Lola –dijo el abuelo–. Pero seguro que la abuela no estaría conforme.
El capitán Jonás se puso de pie.
–Ni una palabra más –dijo–. He comprendido. Si a nadie le molesta, pasaré esta noche fuera, en la escalera. Cuando amanezca, ya no estaré aquí.



Pobre capitán. A la hora del hora, nadie quiere dejarle su cuarto. ¿Qué le habrá pasado? Vamos a tener que leer el libro para enterarnos.

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Ole Könnecke. Lola y el fantasma. México, SEP–SM, 2003.
Lectura con 323 palabras
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