Los abanicos hablan

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Aunque te parezca mentira, hubo una época en la que tus bisabuelos eran jóvenes y estaban enamorados. Pero entonces no era tan fácil como ahora verse o simplemente escribirse cartas románticas entre los novios. El ingenioso sistema que se inventó para poder lanzarse mensajes sin levantar las sospechas de los padres o vigilantes fue utilizar un objeto que casi todas las señoritas de entonces llevaban a cualquier parte: el abanico.
 
Según la posición o los movimientos del abanico, la mujer podía relacionarse con su enamorado, darle instrucciones o información y declararle sus emociones. Este sistema resulta divertidísimo y, aunque no tengas abanico, podría serte de utilidad si te fabricas uno de cartón o de papel y haces señales desde lejos, eso sí, todas serán señales de amor.
  •  “Te quiero” podía decirse de dos maneras: una escondiendo los ojos detrás de un abanico abierto, y la otra, moviendo el abanico junto a una mejilla, rozándola.
  •  Para una cita: tocar el ojo derecho con el abanico cerrado significa que se desea una cita, la hora se marca abriendo un número determinado de varillas.
  •  Para pedir disculpas: el abanico alrededor de los ojos quiere decir “lo siento”
  •  Hacer un reproche: para decir que están siendo crueles con nosotras y que queremos un cambio de actitud, cerrar y abrir el abanico varias veces.
  •  Para pedir prudencia: amenazar con el abanico cerrado.
  •  Para avisar de que nos siguen o alguien nos está viendo: girar el abanico con la mano izquierda.
  •  Para pedir que nos sigan: poner el abanico delante de la cara con la mano derecha.
  •  Para pedir que no nos olviden: se pone el abanico detrás de la cabeza.
  •  Para pedir discreción y que nuestros secretos no se sepan: abrir el abanico y tapar con él la oreja izquierda.
  •  Para decir que sí: apoyar el abanico en la mejilla derecha.
  •  Para preguntar si somos correspondidos en el amor: entregar el abanico cerrado.
  •  Para decir te odio: mover rápido el abanico entre ambas manos.
  •  Para explicar que se quiere a otra persona: girar el abanico con la mano derecha.
  •  Para pedir que se olviden de nosotros: sujetar el abanico abierto con las dos manos.
  •  Para decir que no: apoyar el abanico en la mejilla izquierda.
  •  Para pedir solamente amistad y no amor: bajar nuevamente el abanico.
  •  Para decir adiós: poner el abanico detrás de la cabeza manteniendo un dedo extendido.
Se pueden imaginar a las damas de esa época con sus elegantes abanicos moviéndolos con gracia cuando, en realidad estaban hablando con su amado. En este tiempo las cosas han cambiado con relación al noviazgo pero lo que no cambia es la necesidad de compartir un código secreto para comunicarnos cuando es necesario. ¿Ustedes tienen alguno?
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María Mañeru, “Los abanicos hablan”, en El enigma de los códigos secretos. México, SEP-Diana, 2007.
Lectura con 468 palabras
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