Los muñecos tontos

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En su empeño de formar al hombre verdadero, los dioses, que también pueden equivocarse, realizaron diferentes intentos sin buenos resultados.
En uno de ellos, escogieron la madera como el material con el cual habían de formarlo.
Así fabricaron unos muñecos de palo que no podían mover bien los pies ni las manos ni podían pensar, y por eso eran tan tontos y descuidados que parecían malos.
Por eso trataban sin consideración a las cosas y los animales que vivían con ellos, y les pegaban y los hacían sufrir.
Cuando los poderosos se enteraron del modo como se portaban esos muñecos, decidieron abandonarlos para que se destruyeran.
Al saberlo los animales y las cosas, se juntaron y fueron a reclamarles a los muñecos de palo la manera como los habían tratado.
No sólo los perros y los guajolotes, sino a su vez las ollas y los comales, se quejaron con ellos de los males y sufrimientos que les habían causado, al no tener en cuenta que ellos también tenía alma, y por eso eran capaces de sentir pena y dolor.

Además, al darles aquel trato injusto, los muñecos de palo habían roto el orden necesario para la existencia del mundo.
Entonces los animales y las cosas se pusieron contra los muñecos de palo y los persiguieron hasta hacerlos romperse y volverse en polvo.
La verdad que los niños y las niñas de antes debían conocer cuando les contaban ese cuento nuestros antepasados, era que la gente debe tratar a los animales y también a las cosas muy cuidadosamente, como si tuvieran alma y pudieran sufrir. De este modo todo sería más justo y ordenado y podría haber alegría y paz para todos.
También ustedes deben saberlo. 

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Nuño Rubén Bonifaz, “Los muñecos tontos” en Cuentos de los abuelos. México, SEP-CONACULTA, 1999.
Lectura con 285 palabras
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