Los naguales: animales compañeros de los hombres

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Los indígenas de México creen que al mismo tiempo que nace un niño o niña, nace también un animal y que la suerte de ambos es semejante: lo que sucede a la persona le pasa al animal y lo que acontece al animal lo reciente la persona. Si el animal muere, la persona morirá muy pronto. A ese animal que es compañero de una persona se le llama nagual.
Los huaves, que viven en la costa sur de México, creen que cada persona tiene tres naguales que lo acompañan desde su nacimiento, uno de aire, uno de tierra y otro de agua. Los naguales pueden ser animales o también un rayo o un viento o un trueno. Uno de estos naguales es el principal y los otros dos no son tan importantes; si uno de los naguales menores muere, la persona puede seguir viva. Dicen que la persona que ve la cara de su nagual adquiere mucho poder, porque puede aprender a tomar la forma de ese animal.
Antes se podía saber mejor cuál era el nagual de cada persona: se reconocía al fijarse cómo se portaban los niños. Las madres veían a sus hijos para saber cuál era su nagual: si un niño dormía sin cerrar los ojos, su nagual debía ser culebra. Si a otro le ladraban mucho los perros era señal de que su nagual era un tlacuache o algún animal de monte, que no se para por el pueblo. Cuando alguien no se podía estar quieto y de cualquier cosa brincaba, nervioso, a lo mejor tenía nagual tigre.
Se sabía si una mujer era viento del sur en la forma de caminar. Un hombre era culebra si caminaba como por abajo, agachado.
Eso era posible antes porque tardaban en bautizar a las criaturas y se les notaba más su nagual. Ahora ya no es tan fácil, porque un nagual apenas se deja ver en personas ya bautizadas y con nombres cristianos, ya benditos.
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Federico Navarrete, “Los naguales: animales compañeros de los hombres” en Hijos de la primavera: vida y palabras de los indios de América. Felipe Dávalos, ilus. México, SEP–FCE, 2001.
Lectura con 327 palabras
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