Los secretos de Margarita

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Hoy vamos a leer la historia de una niña que comienza a llevar un diario. Un cuaderno donde anota todo lo que le sucede.

Dicen que hay que escribir todo… ¿Escribir todo? ¿Hasta esos sueños, secretos y fantasías que se me quieren salir de la cabeza? ¿Todo lo que inventemos y hagamos Griselda, Lupe, Cuca y yo? ¿Qué Héctor es el niño que me gusta? Voy a escribir mis secretos de hoy en adelante.

Miércoles 10 de abril
En la mañana traté de peinarme de otro modo para que Héctor se diera cuenta de que ya tengo 12 años, pero no fue fácil porque tenía el pelo tan enredado que le tuve que pedir ayuda a mi mamá y fijarme cómo lo desenredaba, para hacerlo yo sola otro día…
Resulta que me cepillo empezando por las puntas y subiendo poco a poco por mechones, con paciencia, hasta desenredarlo todo; así no me duele tanto.
–¿Por qué se me hacen nudos con el cabello? –le pregunté.
–Es que no te cepillas lo suficiente; sólo lo haces en las mañanas.
Me dijo que los dedos servían de peine, que con las yemas, no las uñas, me peinara y al mismo tiempo me diera un masaje en la cabeza. De esa manera entra el aire y circula mejor la sangre. Es más o menos así:
Sentí como si estuviera lavándome la cabeza, pero al final pude dejarme el pelo suelto, con un broche de lado. Mi cara luce diferente y el cabello se ve más suave y brillante, no como con la trenza de siempre.
Todo el día me sentí más ligera y contenta, pero por más que busqué a Héctor, no lo vi. No importa, mañana puede ser… espero.

Jueves 11 de abril
Hoy correteamos a Héctor… nunca imaginé que corriera tan rápido.
A la salida de clases les conté a mis amigas lo que mi mamá me había dicho acerca del cabello, y todos empezamos a sobarnos la cabeza.
Cuca tiene una forma de cabeza muy chistosa, como de signo de interrogación y el cabello como estropajo. Estoy segura de que podríamos barrer la escuela con su trenza…
En cambio, Griselda lo tiene muy suavecito, como de muñeca. Dice que es porque se lo lava todos los días con jabón de pasta y luego se lo enjuaga muy bien con una fórmula secreta de su mamá.
No me lo quiere decir porque es “secreto de familia”. Por más cosquillas que le hicimos para que nos lo dijera, ni pío… sólo se reía.
Entonces Héctor pasó por ahí, se quedó mirándonos como si estuviéramos locas y empezó a burlarse. Cuando nos dimos cuenta, todas salimos a atraparlo. Nos costó un poco de trabajo porque es muy rápido, pero lo capturamos para tocarle el pelo.
Gritaba pidiendo auxilio, pero nadie lo rescató.
Fue muy divertido. Tiene el cabello grueso, lacio y muy negro.
Nunca se me hubiera ocurrido que el jabón de pasta también sirve para el pelo. Voy a hacer la prueba.
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Maite Ibargüengoitia, Los secretos de Margarita, Magali Lara, ilus. México, SEP, 1992.
Lectura con 500 palabras
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