Luces misteriosas

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Durante siglos, la gente se ha preguntado acerca del mundo que la rodea y ha tratado de explicar las cosas sorprendentes que ocurren sobre la Tierra y en el cielo. Piensa en los eclipses, por ejemplo– ¿Cómo explicarías tú lo que sucede, si no tienes forma de saber qué es lo que ocurre durante un eclipse? Los antiguos chinos creían que el sol desaparecía porque se lo comía un dragón. Tocaban tambores para asustar al dragón y, ¡claro!, el Sol volvía a aparecer.
Hoy en día se sabe que esto no es cierto. Ahora hay una explicación científica para lo que ocurre. El sol deja de verse porque, de vez en cuando, al moverse la Luna y la Tierra en sus órbitas, la Luna se interpone entre la Tierra y el Sol. Es como si pusieras la mano (la Luna) entre tu cabeza (la Tierra) y una lámpara encendida (el Sol).
Por siglos, la gente ha mirado hacia arriba para ver “las luces del Norte”, misteriosas y trémulas en el cielo nocturno. Los esquimales de Alaska creían que estas luces, la aurora boreal, eran las almas de las focas, los caribúes y las ballenas. Los indios algonquinos, de Canadá y los Estados Unidos, creían que las luces eran los reflejos de la inmensa hoguera que encendía el Gran Espíritu.
Hace mucho tiempo estas luces asustaban a la gente que creía que anunciaban tiempos malos. En 1583 cuando esas luces brillaron en Francia, la gente se reunió en las iglesias para rezar. Las luces del Norte, o aurora boreal, son todavía maravillosas y sorprendentes. Pero los científicos saben ya que son naturales, no sobrenaturales.
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Catherine, O’Neill, “Luces misteriosas” en Grandes misterios de nuestro mundo. México, SEP-Promociones Don d´Escrito, 2002.
Lectura con 273 palabras
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