Nicolás

Estándar
Todas las noches pasaba lo mismo. Martín apagaba la luz y, cuando comenzaba a quedarse dormido, un ruido lo despertaba.
Como todo estaba tan oscuro, Martín no podía ver quién lo producía. Le daba mucho susto oír cómo el ruido iba de un lado a otro por toda su pieza. El caso es que no lograba dormir hasta bien entrada la noche.
Lo único que lo calmaba, y a veces hasta lo entretenía, era el pensamiento de que seguramente no se trataba de un dragón ni de un tigre, pues el ruido que hacía era muy quedito.
Pero, ¿y si era una tarántula, un alacrán grandote o una víbora de cascabel? ¡Qué miedo!
Aquello no podía seguir así. Un buen día, o mejor dicho, una buena noche en la que el ruidito había vuelto a escucharse, se armó de todo su valor y decidió enfrentar el peligro. Encendió la luz, y… ¡Era un ratoncito!
¡Qué alivio le dio saber que no era ningún animal enojón o maligno! El pobre ratón temblaba.
Sin hacer ruido, Martín fue hasta la cocina y trajo un pedazo de queso. Y sobra decir que desde esa noche el niño y el ratón se hicieron amigos. A veces hasta merendaban juntos: el niño compartía el queso del ratón y el ratón el pan del niño.
Martín estaba seguro de que el ratoncito había sonreído cuando le propuso llamarlo Nicolás.
Días después, cuando Martín y sus hermanos hacían la tarea, don Néstor, su papá, salió de la recámara matrimonial hecho una furia.
–¡Eso sí que no! ¡Eso sí que no lo tolero! –gritaba mientras, colorado de coraje, agitaba unas fotografías muy amarillentas.
Doña Teresa, la mamá, que salía de la cocina, se reunió con los muchachos en torno a don Néstor, quien seguía gritando:
–¡Alguien se comió a mi madre! ¡A mi madre!
A Martín se le fue el alma hasta los pies.
–Ha de ser un ratón, viejito. Conseguimos un gato y..
Pero don Néstor no la dejó continuar:
–¿Un gato? ¿Para qué te eche a perder tus plantas? Nada de gato. ¡Compraremos una ratonera!
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Juan Manuel Gutiérrez V. y Guillermo Samperio, “Nicolás” en La vendedora de nubes y otros cuentos, Felicity Rainnie, ilus. México, SEP-CONAFE, 2000.
Lectura con 349 palabras
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