Óyeme con los ojos

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En óyeme con los ojos, veremos que la gente que no puede hablar, u oír, o ver, tiene más dificultades que los demás para comunicarse, estudiar, trabajar. Sus esfuerzos son siempre admirables y, muchas veces, sus resultados no le piden nada a ningún otro.

 
Una tarde, al volver de la sesión de fisioterapia, Beatriz pidió a Horacio que le enseñara el alfabeto de los sordos. El niño aceptó encantado.
Poco a poco, Beatriz fue aprendiendo a hablar. Horacio se desternillaba de risa con las equivocaciones de la alumna, pero siempre le pedía excusas, porque, según él, un profesor no debía reírse jamás de los errores de sus discípulos.
Un día Ofelia entregó a Beatriz una carta, delante de Horacio. Beatriz abrió el sobre con mucha prisa.
París, 14 de abril
Querida Bea:
El señor Sáenz, ése que es amigo tuyo y de papá, escribió hace poco contando lo de tu accidente. Papá y mamá están furiosos contigo por no habernos avisado. Te van a mandar una carta no muy simpática. Bea, espero que estés mejor. ¿Ya has vuelto a caminar? Te quiero mucho. Abrazos. Diana.
Beatriz dobló la carta y miró a Horacio con los ojos brillantes.
–Gracias, Horacio… –le dijo al niño.
–¿Gra… cias… por… qué?
Beatriz le habló entonces de Diana; le dijo que, como él, era una niña sorda. Le contó también por qué se había alejado de ella. Le habló del miedo que le había producido toda la vida los defectos físicos. Le describió su sufrimiento en el hospital, cuando creía que no volvería a caminar o que se quedaría coja para siempre.
–To… da… vía… ca… mi… nas… co… mo… un… pa… to –le dijo Horacio muerto de la risa.
–Ya se me pasará, Horacio, y, si no, no importa.
–¿Le volverás a escribir a Diana? –le preguntó el niño, esta vez con las manos.
–Sí, y le hablaré de ti –le dijo Beatriz tomando la cara de Horacio entre sus manos.
Al día siguiente, Beatriz redactó en presencia de Horacio una breve carta para Diana.
Querida Dianita:
¿Crees que podrás servirme de guía en París durante las próximas vacaciones? Tengo que contarte muchas cosas. Sobre todo, tengo que hablarte de Horacio. Te quiere Bea.
Beatriz metió en el sobre el poema del niño mudo que Horacio había copiado para Diana.

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Gloria Cecilia Díaz, Óyeme con los ojos, Chata Lucini, ilus. México, SEP–Anaya, 2001.
Lectura con 379 palabras
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