Las brujas

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Estoy seguro de que ya les ha tocado alguna otra lectura de este libro, tan divertido, que nos explica cómo son estos seres malignos:

Mientras ella estaba allí sentada, fumando su maloliente puro y charlando, yo no dejaba de mirarle esa mano a la que le faltaba el pulgar. No podía remediarlo. Me fascinaba y no paraba de preguntarme qué cosas espantosas le habrían sucedido aquella vez en que se encontró a una bruja.
Tenía que haber sido algo verdaderamente espeluznante y aterrador, porque, de lo contrario, me lo habría contado. Puede que le hubieran retorcido el pulgar hasta arrancárselo. O quizá le habían obligado a meter el dedo en una cafetera hirviendo hasta que se le coció. ¿o se lo arrancaron de la mano como se hace con una muela? No podía remediar el intentar adivinarlo.
–Dime qué hacen esas brujas inglesas, abuela.
–Bueno –dijo ella, chupando su apestoso puro–, su artimaña favorita es preparar unos polvos que convierten a un niño en algún bicho que todos los mayores odian.
–¿Qué clase de bicho, abuela?
–Muchas veces es una babosa –dijo ella–. Una babosa es uno de sus preferidos. Entonces los mayores pisan a la babosa y la apachurran sin saber que es un niño.
–¡Eso es absolutamente bestial! –exclamé.
–También puede ser una pulga –dijo mi abuela–. Pueden convertirte en una pulga y, sin darse cuenta de lo que pasa, tu madre echaría insecticida y adiós.
–Me estás poniendo nervioso, abuela. Creo que no quiero volver a Inglaterra.
–Sé de brujas inglesas –continuó ella– que han convertido a niños en faisanes y luego los han soltado en el bosque justo el día antes de que empezara la temporada de caza del faisán.
–¡Aug! –dije– ¿Y los matan!
–Claro que los matan. Y luego les quitan las plumas y los asan y se los comen para cenar.
Me imaginé a mí mismo convertido en faisán, volando desesperadamente por encima de los hombres con escopetas, girando y bajando, mientras las escopetas disparaban.
–Sí –dijo mi abuela–, a las brujas inglesas les encanta contemplar a los mayores eliminando a sus propios niños.
–De verdad no quiero ir a Inglaterra, abuela.
–Claro que no. Ni yo tampoco. Pero no tenemos más remedio.
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Roald Dahl, Las brujas, Quentin Blake, ilus. México, SEP–Alfaguara, 2002.
Lectura con 374 palabras
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El mundo de las aves

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Más de 5,600 de las 9,000 especies de aves que hay en la Tierra son pájaros, pertenecientes al orden de los Paseriformes (con forma de pájaro), que comprende a gorriones, golondrinas, aviones, mirlos, petirrojos, currucas, trepadores, cuervos, jilgueros, aves del paraíso, carboneros, ruiseñores, aves lira, alondras, canarios, urracas, tordos. Buenos voladores y excelentes cantores, tienen todos patas con tres dedos hacia adelante y uno hacia atrás, en un mismo plano, con las cuales andan bien por el suelo y se agarran mejor a las ramas.
Sus picos varían mucho, desde los gruesos de los que comen granos y semillas hasta los finos y cortos de los que se alimentan de insectos, incluyendo los curvados de algunos que son cazadores, los muy fuertes de los cuervos o los largos y curvos de algunos pinzones.
Sin duda es el grupo de vertebrados de mayor éxito del planeta.
En un grupo vamos a meter a aves muy diferentes que tienen que ver con el agua, para dar un rápido paseo por los 28 órdenes de las aves conocidas.
Más o menos acuáticas pueden ser los pingüinos, que son tan nadadores que han transformado sus plumas en unas muy diferentes a las demás aves para protegerse de las aguas heladas donde pasan casi toda su vida.
También contamos con aves capaces de nadar, flotando sobre el agua, e impulsándose con unas patas con membranas entre los dedos, como los colimbos, albatros, patos, gansos, cisnes, gaviotas, pelícanos, frailecillos, fragatas, todas ellas buenas pescadoras.
Pero también podemos incluir a diversas aves zancudas cuya vida depende del agua, donde capturan su alimento con el pico, mientras caminan con el agua por las rodillas. Se trata de cigüeñas, garzas, ibis, grullas, espátulas o flamencos.
También podemos meter en este grupo a una serie de pájaros de orilla como los chorlitos, zarapitos, andaríos o vuelve piedras y algunos nadadores como la focha y las gallinas de agua.
Y para completar la información nos falta el precioso martín pescador: un pequeño pájaro que desde una rama se lanza de cabeza al agua para capturar pequeños peces con una destreza increíble.
Como ves, el agua es el hogar de muchas de las aves que habitan la Tierra.
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Grupo Edider, Animalia. El mundo de los animales. México, Pimakius, S.L., 2003.
Lectura con 366 palabras
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A golpe de calcetín

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A las seis de la mañana del día siguiente ya estaba de pie otra vez y con un sabrosísimo café negro entre las manos. Me sentía de tan buen humor que, a golpe de calcetín entre la bodega y la esquina, logré vender más de la mitad de los periódicos que me tocaban. La noticia, al parecer, era interesante para todos. Decía que a todos los trabajadores mexicanos que estaban en Estados Unidos los habían mandado de regreso a nuestro país. Me puse a imaginar que llegaba a México con sus maletas y sin un lugar donde pudieran ponerse a trabajar. Tendrían que dormir en el Zócalo o en la Alameda o en el Parque Lira, porque hay demasiados habitantes en la ciudad. Dice mi papá que casi un millón.
Pero la noticia más importante era otra, al menos para mí. En la segunda sección de El Universal, la de robos y asesinatos, encontré la fotografía de mi dizque papá, Teófilo Garduño. La noticia completa decía:
El señor Teófilo Garduño murió anoche en el Hospital Militar, luego de haber sido sometido a una segunda cirugía a corazón abierto. Como se recordará, el señor Garduño, junto con otro maleante al que aún no se identifica, asaltó el Banco de Londres y México la semana pasada. El botín, que todavía no aparece, fue de nueve mil pesos. Se continúa buscando al cómplice del ratero fallecido para que la policía pueda localizar el lugar donde se encuentra el dinero.
Hasta entonces supe que no se trataba de una broma y que los dos tipos tampoco estaban zafados de la cabeza. Aurelio tenía que ser ese otro ratero a quien buscaba la policía. Y la dirección que Teófilo Garduño había escrito en el reverso de la carta era, seguramente, la del lugar donde estaban escondidos los billetes. Mientras veía la fotografía en el periódico me temblaban las manos y las piernas, como cuando mi papá está enojado y me grita. Más o menos me acordaba de la dirección que había escrito Teófilo.
También recordé que la carta se encontraba en la bolsa del pantalón que le había regalado a Chucho.

La historia parece estar bastante enredada y el fragmento que acabamos de leer es de lo más sugestivo. ¿Cómo conocerla completa? Pues hay que buscar el libro, como siempre.
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Francisco Hinojosa, A golpe de calcetín, Rafael Barajas, ilus. México, SEP–FCE 2001.
Lectura con 385 palabras
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