La máquina de hacer las tareas

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Un día llamó a nuestra puerta un tipo extraño: Un hombrecillo ridículo, algo más alto que dos cerillas. Llevaba, cargada a la espalda, una bolsa más grande que él.
–Aquí traigo aparatos para vender –dijo.
–Enséñemelos –dijo papá.
–Esto es una máquina de hacer las tareas. Apretando el botoncito rojo se resuelven los problemas; el botoncito amarillo es para desarrollar los temas y el botoncito verde sirve para aprender geografía. La máquina lo hace todo ella sola, en un minuto.
–¡Cómpramela, papá! –dije yo.
–Bueno. ¿Cuánto pide por ella?
–No quiero dinero –dijo el hombrecillo.
–¡No trabajará sólo por amor el arte!
–No, pero no quiero dinero por la máquina. Quiero el cerebro de su hijo.
–¿Está loco? –exclamó papá.
–Escúcheme, señor –dijo el hombrecillo, sonriendo–, si la máquina le hace las tareas, ¿para qué le sirva el cerebro?
–¡Cómprame la máquina papá! –imploré–¿Para qué quiero el cerebro?
Papá me miró un instante y después dijo:
–Bueno, llévese su cerebro y no se hable más.
El hombrecillo me quitó el cerebro y lo guardó en una bolsita. ¡Qué ligero me sentía sin cerebro! Tan ligero que eché a volar por la habitación, y si papá no me hubiese agarrado a tiempo habría salido volando por la ventana.
–Tendrá que meterlo en una jaula –dijo el hombrecillo.
–¿Por qué? –preguntó papá.
–Porque ya no tiene cerebro. Por eso. Si lo deja suelto volará hasta los bosques como un pajarillo y en pocos días morirá de hambre.
Papá me encerró en una jaula, como si fuera un canario. La jaula era pequeña, estrecha, no podía moverme. Las barras me apretaban, me apretaban tanto que… Me desperté asustado. ¡Menos mal que sólo había sido un sueño!
Inmediatamente me puse a hacer la tarea.
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Gianni Rodari. Cuentos largos como una sonrisa, Barcelona, La Galera, 2000.
Lectura con 292 palabras
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¿Por qué el topo vive bajo la tierra?

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Hace mucho tiempo, según se dice, el Sol se iba aproximando a la Tierra, de modo que cada día quemaba con más fuerza y las plantas se secaban. Sucedió entonces que unos campesinos quisieron detener al Sol porque les había destruido sus siembras. Pero no pudieron hacer nada pues el Sol los quemó.
Se cuenta que después se reunieron los animales más astutos y fuertes de los bosques y las selvas. Eligieron al león, por ser el más fuerte, para que detuviera al Sol, y dijo el león:
–Yo detendré al Sol, así me juegue la vida.
Pero no pudo hacer nada porque se quedó inmóvil. Siguió el coyote y tampoco logró nada. Así fueron pasando todos los animales. Al fin sólo quedaba el más pequeño de todos, el que actualmente conocemos con el nombre de topo, y dijo:
–Yo, el más pequeño de todos y el más débil, haré un esfuerzo por detener al Sol; aunque no estoy seguro de lograrlo, demostraré que también tengo valor.
El topo se dispuso a detener al Sol. Amontonó ramas, espinas, palos y toda clase de objetos que encontraba a su paso. El Sol seguía quemando, pero el topo no se daba por vencido. Siguió adelante en su tarea hasta que logró detener al Sol. Nada más que nadie quedaba para felicitarlo por su triunfo, que para él había sido el más grande de su vida. Fue tanta su sorpresa que cuando levantó la vista y vio al Sol, se quedó ciego. Pero no le importó. En eso oyó una voz que decía:
–Has quedado ciego, has perdido la vista por salvar a tu pueblo, pero no te preocupes porque ya no vas a necesitar ver. Te voy a premiar; he escogido para ti otro camino y tú ya jamás vivirás sobre la tierra, sino que te irás por ese otro camino.
Se dice que aquella voz fue la de Dios, Nuestro Señor, y que el camino que le designó al topo iba a dar debajo de la tierra a unas cuevas oscuras que él mismo hace y donde actualmente vive.
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“¿Por qué el topo vive bajo la tierra?” en Mireya Cueto (comp.), Cuéntanos lo que se cuenta. México, SEP-CONAFE, 2006.
Lectura con 348 palabras
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Papalotes, planeadores y globos

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El papalote es el antepasado del aeroplano. Hace más de dos milenios los chinos ya empleaban papalotes y, con el paso del tiempo, han sido utilizados para elevar a los hombres por encima de los campos de batalla a fin de realizar observaciones militares, para recabar información meteorológica y para lanzar suministros.
Los papalotes sirvieron de inspiración al inventor inglés George Cayley cuando diseñó el primer modelo de planeador del mundo. Pioneros de la aviación como el inglés Percy Pilcher y el alemán Otto Lilienthal emplearon diseños de papalotes para desarrollar las alas de sus planeadores.
Lilienthal estaba convencido de que los aviadores tenían que aprender a planear para comprender cómo se puede aprovechar el aire. Los hermanos Wright construyeron el primer planeador en 1901, basándose en un papalote biplano [con dos superficies paralelas] que habían hecho anteriormente.
Los primeros planeadores se lanzaban desde lo alto de una colina y los modernos son acarreados hasta el aire por aviones ligeros. En cuanto se los suelta, los planeadores ascienden y se encumbran gracias a las corrientes de aire caliente.
En su deseo de ver el mundo desde el cielo, la humanidad creó muchas y complicadas máquinas voladoras. Los franceses Joseph y Étienne Montgolfier construyeron un globo de papel y tela que se elevó gracias al aire caliente producido por una hoguera. El siguiente globo que hicieron llevaba pasajeros: una oveja, un pato y un gallo. En 1783, ante la boquiabierta multitud parisina, el globo Montgolfier elevó por los aires a dos nobles franceses y se convirtió en el primer aparato volador con éxito.
Los globos de aire caliente y de gas no tardaron en popularizarse. En 1870, cuando el ejército prusiano asedió Paris, los franceses utilizaron globos para sacar personas y cartas de la ciudad. En 1897, tres exploradores desaparecieron mientras intentaban llegar al Polo Norte en globo.
Medio siglo después los científicos utilizaron globos para estudiar la atmósfera superior. En la actualidad, varios grupos de amantes de los globos se proponen dar la vuelta al mundo sin escalas.
Los vuelos en globos de aire caliente son muy populares y muchos aficionados organizan vuelos de aventura para cualquier tipo de gente en estos aparatos.
Habitualmente, los globos de aire caliente tienen 18 metros de diámetro y cargan 2,830 metros cúbicos de aire que se calienta mediante dos quemadores de gas propano, cada uno de los cuales es lo bastante potente como para calentar 120 casas.
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s/a, “Cometas y planeadores” en Volar. México, SEP-Mcgraw-Hill, 2003.
Lectura con 404 palabras
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