¿Por qué tiene la ballena tan singular garganta?

Estándar
Hace ya mucho tiempo, hijo mío, hubo en el mar una Ballena que se alimentaba de peces. Comía estrellas de mar, cangrejos, pargos, huachinangos, dorados y calamares, sin olvidar la onduladísima anguila. A cuantos peces encontraba en el mar los devoraba con la boca abierta… ¡Así! Hasta que, al fin, sólo quedó en los mares un pececillo solitario, el cual era astuto de veras, y empezó a nadar detrás de la oreja derecha de la Ballena, de modo que no corría ningún riesgo.
Hasta que un día se irguió la Ballena sobre su cola y exclamó:
–¡Tengo hambre!
Y el pez pequeño y astuto dijo, con una vocecita astuta de verdad:
–¡Oh noble y generoso cetáceo! ¿No has probado nunca el hombre?
–No –contestó la ballena– ¿A qué sabe?
–Está muy rico –dijo el pececillo astuto–. Es muy sabroso, aunque algo duro.
–Siendo así, tráeme algunos –dijo la Ballena. Y dando un coletazo, levantó un penacho de espuma.
–Basta con uno cada vez –dijo el pez astuto–. Si vas nadando hasta la latitud de 50º Norte y la longitud 40º Oeste (esto es cosa de magia), encontrarás a un marinero náufrago, sentado en una balsa, en medio del mar. Sólo lleva unos pantalones de lona azul, unos tirantes (no olvides esto de los tirantes, hijo mío) y una navaja marinera. He de prevenirte que es hombre de infinitos recursos y de extraordinaria sagacidad.
Así pues, la Ballena se fue nadando, nadando, hasta alcanzar la latitud 50 grados Norte y la longitud 40 grados Oeste y en efecto, sentado en una balsa, en medio del mar, llevando sólo unos pantalones de lona azul, unos tirantes (acuérdate especialmente de los tirantes hijo mío) y una navaja marinera, vio a un marinero náufrago que se refrescaba en el agua la punta del pie. (Había pedido permiso a su madre para mojarse los pies un poquito; de lo contrario no se habría atrevido a hacerlo, pues era en extremo avisado y sagaz).
¿Se imaginan, un marinero que tiene que pedirle permiso a su mamá para mojarse los pies? Qué locura. Y no supimos por qué la ballena tiene la garganta como la tiene… ¿Ustedes piensan quedarse con la curiosidad? Yo no. Así que voy a tener que conseguir el libro.
—————–
Rudyard Kipling, “¿Por qué tiene la ballena tan singular garganta?” en Precisamente Así. México, SEP-Juventud, 2002.
Lectura con 378 palabras
——————

Vivir en sociedad. La vida en grupo

Estándar
A medida que vamos creciendo, también crece nuestra curiosidad por el mundo que nos rodea. En la escuela, en un club deportivo o en el trabajo, vivimos en comunidad con otras personas.

Adaptarse los unos a los otros
Las relaciones con los extraños no se parecen mucho a las que tenemos en nuestra familia. Hay lazos de amor que nos unen a nuestra propia familia. Estamos acostumbrados los unos a los otros, aunque de vez en cuando haya discusiones. Pero la sociedad también está compuesta de personas que no son nuestros hermanos ni nuestros amigos. No siempre tienen las mismas costumbres que las nuestras. Hace falta tiempo y paciencia para conocerlos. Vivir en sociedad es aprender a relacionarse con toda clase de personas y en toda clase de situaciones.

La vida con los demás
Compartimos con los demás muchas de nuestras actividades. A menudo jugamos y trabajamos con otras personas. Desde que empezamos a ir al jardín de niños, descubrimos una sociedad de la que vamos a formar parte durante mucho tiempo: ¡la escuela! Los clubes deportivos también son sociedades. Podemos llamarlas “sociedades” porque son grupos de personas organizados de tal modo que existen actividades comunes. El lugar donde trabajan los padres constituye otra sociedad, muy pequeña si administran un restaurante, pero muy grande si laboran en un hospital o en una fábrica.
________________________
Sophie Bolo, “Vivir en sociedad. La vida en grupo” en Vivir con los demás: la familia, la sociedad, las leyes la justicia. México.
Lectura con 223 palabras.
________________________

Eolo

Estándar
Los vientos son los hijos del Cielo y de la Tierra. Habitan en las grutas profundas donde está prisioneros día y noche.
Zeus desconfía hasta tal punto de ellos que ha colocado por encima de su prisión enormes montañas. ¿Por qué? Porque los vientos son temibles, y rugen sin cesar en su prisión. Sólo tienen una idea: escapar para devastarlo todo (la tierra, el mar e incluso el mismo cielo, morada de los dioses inmortales).
Para calmar los Vientos, terriblemente poderosos para este pueblo de marinos, los griegos les ofrecían sacrificios.
En la antigüedad grecolatina los vientos principales eran cuatro:
El Bóreas. Es el viento del norte frío y violento, que los latinos llaman Aquilón. Se le representaba bajo la forma de un viejo de cabellos blancos y en desorden.
El Euro. Es el viento del este, que viene de Oriente. Se le representaba con la tez cobriza de los asiáticos.
EL Noto. Es el viento del sur que los latinos llaman Aaustro. Es un viento caliente que trae tormentas. No es raro verlo representado bajo el aspecto de un viejo, con los carrillos inflados, la frente aureola de nubes y los ropajes calados por la lluvia o llevando una regadera.
El Céfiro. Es el viento del oeste. Los griegos lo apreciaban mucho, ya que traía algo de frescor durante el verano ardiente que castigaba su tierra. Da nueva vida a la naturaleza reseca. Se le representaba con alas de mariposa. Ligero, vuela manteniendo en la mano una canasta de flores.
____________________________
Ann Catherine Vivet-Rémmy, “Eolo” en Los Viajes de Ulises. México, SEP, 2002.
Lectura con 251 palabras
____________________________