¿Por qué no me deshago?

Estándar
Las moléculas que forman un cuerpo sólido (una hoja de papel, por ejemplo) se mueven. Pero, entonces, ¿por qué no se desarma la hoja de papel? Y ¿por qué no me desarmo yo, ya que las moléculas que forman mi piel, mis uñas, mis cabellos, también se mueven?
¡¡Claro!! Lo que ocurre es que las moléculas se atraen unas a otras. Entre las partículas que constituyen un cuerpo existen fuerzas de atracción. Y en los sólidos moleculares las fuerzas de atracción entre las moléculas son mayores que la “tendencia a desarmarse” que tiene a producir el movimiento de las partículas.
En un sólido molecular, sólo se producen movimientos de vibración. Pero las moléculas no cambian de posición y por eso el sólido mantiene su forma y volumen propios.
En un líquido, en cambio, las moléculas tienen un movimiento de traslación y van cambiando permanentemente de moléculas vecinas. La “tendencia a escaparse” no es suficiente para vencer la atracción entre ellas, pero sí las obliga a ir cambiando permanentemente de moléculas vecinas.
¿Y qué pasa en los gases? En los gases, las moléculas están comparativamente mucho más separadas que en los sólidos o en los líquidos. La energía que genera la velocidad de las moléculas es suficiente para vencer la fuerza de atracción entre ellas. Por lo tanto, las moléculas se mueven en todas direcciones. Chocan entre sí y contra las paredes del recipiente que las contiene. Por eso el gas tiende a ocupar todo el recipiente. Y por eso no tiene forma ni volumen propios.
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Faustino Beltrán, “¿Por qué no me desarmo?” en ¡La culpa es de las moléculas! México, SEP-Lumen, 2006.
Lectura con 255 palabras
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