¿Por qué vivimos las tortugas en el agua?

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Hace mucho tiempo un hombre llegó hasta un matorral donde estaba durmiendo una tortuga.
“Tú serás algo bueno para comer”, dijo el hombre mientras agarraba a la tortuga. Cuando llegó con su gente, todos se agruparon alrededor del hombre, muy ansiosos de participar en el banquete.
“Oh, qué magnífica tortuga”, dijeron unos. “Qué tamaño”. Y luego se dijeron:
“¿Cómo mataremos a la tortuga?”
“Yo tengo una lanza con punta muy aguda”, gritó uno de los hombres. Como todos voltearon a mirarlo, el hombre agregó: “Seré feliz si puedo usar mi lanza”.
Mucho se asustó la tortuga. “Soy una tortuga muerta”, pensó. “Tengo que detenerlo”. Luego gritó para que todos la escucharan:
“¿Una lanza? ¿Con una lanza me van a matar? ¡Eso sí que es chistoso! No me hagan reír”.
Entonces uno de los hombres dijo: “No podrán matar a la tortuga con la lanza, pero la mataremos con piedras”.
“¿Piedras? ¿Con piedras piensan matarme?” y ahora sí estaba la tortuga riéndose de verdad. “¿Quién ha oído que hayan matado alguna tortuga con piedras?”
Otro hombre aseguró que el fuego lo haría: “Arrojemos a la tortuga al fuego”.
“¿Han visto mi caparazón? ¡Toquen, toquen hombrecitos! El fuego sólo podrá hacerme cosquillas.”
Entonces el hombre que la encontró en el matorral ya no se aguantó. Exasperado, sacó su cuchillo y el perverso filo relumbró: “Mi cuchillo nunca me ha fallado”, dijo muy orgulloso.
La tortuga pasó saliva y dos gotitas de sudor resbalaron por su frente.
“¿Cuchillo? ¿Puede tu cuchillo cortar una piedra? Yo soy más dura que las piedras”.
Descorazonados, los hombres se miraron entre sí.
“Una sola cosa nos queda”, dijo el jefe de la tribu.
Y tan hambrienta estaba la gente que estaba dispuesta a aceptar cualquier idea.
“¿Qué es lo que aún no hemos intentado?”, le preguntaban.
“¡El agua!” dijo el jefe. “Arrojemos a la tortuga en el río para que se ahogue”.
“Sí”, gritaron todos.
“No, no, no”, gritó la tortuga y su voz sonaba llena de terror y de pánico. “Por favor, el agua no.” Y acercándose al hombre que la encontró en el matorral, le imploraba: “Por favor, usa tu cuchillo, no dejes que me lancen al agua”.
Pero el jefe gritó:
“Llévenla al río”.
Cuatro hombres la levantaron, la llevaron al río y la lanzaron. La tortuga desapareció de los ojos de los hombres.
“Se está ahogando”, gritó el jefe y todos lo felicitaron por su idea. Pero de repente, la cabeza de la tortuga salió a la superficie y comenzó muy alegre a nadar para alejarse de allí.
“La tortuga nos engañó”, se dijeron los hombres y le gritaron: “¡Regresa!”
“Nunca”, dijo la tortuga.
Yo soy una tortuga y así me lo explicó mi abuelo cuando le pregunté por qué las tortugas vivimos en el agua.
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¿Por qué vivimos las tortugas en el agua? México, SEP-Fernández Editores, 1988.
Lectura con 463 palabras
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