Refranes pareados

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A la mejor cocinera,
se le va el tomate entero.

Al nopal lo van a ver,
sólo cuando tiene tunas.

Al que nace pa´tamal,
del cielo le caen las hojas. 

Apenas le dicen mi alma,
ya quiere casa aparte. 

Caras vemos,
corazones no sabemos. 

Como el burro del aguador,
cargando el agua y muerto de sed. 

Como ni amor le tengo,
ni cuidado le pongo. 

Con amor y aguardiente,
nada se siente. 

Con los curas y los gatos,
pocos tratos. 

Mala yerba nunca muere,
y si muere ni hace falta. 

De golosos y tragones
están llenos los panteones. 

El flojo y el mezquino,
andan dos veces el camino. 

El que mucho se despide,
pocas ganas tiene de irse. 

El que siembra su maíz,
que se coma su pinole. 

Lo que uno no puede ver,
en casa lo ha de tener. 

¿Para qué son tantos brincos
estando el suelo tan parejo? 

Pleitos con todos,
menos con la cocinera. 

Si el tecolote canta,
el indio muere. 

Solo el que carga el cajón,
sabe lo que pesa el difunto. 

El que mete paz,
saca más.

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“Refranes pareados” en Gabriel Zaid (antologador), Ómnibus de poesía mexicana. México, SEP-Siglo XXI, 1998.
Lectura con 182 palabras
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