¿Seguiremos siendo amigos?

Estándar

Que nuestro mejor amigo tuviera que irse a vivir a otro lado y ya no pudiéramos verlo sería una catástrofe. ¿O no?
 
–¿Y dónde está tu novio, si es que se puede saber? –me dice Jaime, quien se ha acercado a mi pupitre para hacerme rabiar–. ¿Cómo que lleva tres días sin aparecer por el colegio? ¿Ya se cansó de ti?
–Déjala en paz –le dice Brenda. Lo que acabas de hacer es una crueldad. El maestro nos dijo que Justo, su madre y su hermano se fueron en avión a visitar a su padre y a buscar una nueva casa.
Empiezo a comerme un mechón de pelo.
–Anoche volvieron tardísimo. Hubo niebla, o algo por el estilo, y no pudieron aterrizar; luego perdieron una conexión o algo así y llegaron a casa a las tres de la mañana. Eso es lo que la mamá de Justo le dijo a mi madre cuando llamó por teléfono esta mañana. Y también le dijo que iban a intentar dormir un poco.
–¡Vaya! Eso suena muy emocionante –dice Brenda–. El viaje, quiero decir, no lo de irse a dormir.
–Sí, claro, emocionante –digo yo, con una voz que mi madre llama “la voz sarcástica de la señorita Ámbar”. Justo va y se monta en un avión de verdad antes que yo. Te digo que la vida no es justa a veces…, muchas veces.
El maestro dice:
–Sigan con el trabajo sobre China.
Meto la mano en el pupitre y saco medio sandwich de crema de cacahuate y de chocolates MyM. Lo hice un día que mi madre se quedó dormida y me pidió que yo misma me preparara la comida.
Mirando el bocadillo me acuerdo del chiste que me contó Justo antes de irse… Uno sobre un empleado al que despidieron de su trabajo en la fábrica de MyM por tirar a la basura todos los chocolates que llevaban una W, porque el muy tonto no se dio cuenta de que M al revés se lee W.
Por fin encuentro el cuaderno de actividades debajo de un libro que debía haber devuelto a la biblioteca hace tiempo.
Paso las hojas del cuaderno y me doy cuenta de que es posible que Justo ya no se quede conmigo el tiempo necesario para terminarlo. Dentro de poco tal vez incluso tenga que mandarle a él las postales.
Intento seguir con el trabajo pero no hay manera. No puedo. Estoy demasiado triste.
¿Habrá alguien tan o más triste que Ámbar en este lugar?

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Paula Danziger, ¿Seguiremos siendo amigos?, Tony Ross, ilus. México, SEP, 2003.
Lectura con 419 palabras
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