Sombra general

Estándar
Ahí está frente a mí el temible delantero, dispuesto a ejecutar el tiro libre señalado por el árbitro. Ya se coloca la barrera de jugadores frente a la portería, tratando de obstaculizar la visión del tirador o de desviar la trayectoria del balón. Lo malo es que, a esa distancia, casi nunca falla el tiro, a pesar de todo el esfuerzo que pueda hacer un portero. Me siento desamparado. ¿Qué tal si la pelota rebasa la barrera, pasa de largo por arriba haciendo un arco y…? ¡Uf!, qué situación la mía, aquí frente el peligroso goleador. Lo malo es que también le pega con mucha fuerza. ¿Y si no logro pararla cuando venga hacia mí? Ya levanta el brazo el árbitro y toca el silbato para que se realice la acción. La cuenta regresiva ha comenzado. Me pongo tenso y muy atento a lo que suceda desde ahora. El dinamitero se prepara tomando mucha distancia y encarrerándose para dar el zapatazo. Y yo aquí, enfrente, angustiado. ¡Líbrame del trallazo, Señor! Se acerca al esférico. El público guarda silencio total. Llega velozmente y le pega durísimo al balón que, gracias a Dios, sale desviado a la izquierda de la valla humana para saque de meta. Qué susto. Mis músculos se distienden. Mi respiración vuelve a ser normal. Es lo malo de sentarse a ver el partido aquí, en las gradas que quedan exactamente atrás de la portería. 
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Abelardo Hernández Millán, “Sombra general” en Cuentos breves. México, SEP-Centro Toluqueño de Escritores, 2007.
Lectura con 236 palabras
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