Tajín y los Siete Truenos, III

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Ayer terminamos la lectura cuando Tajín había desatado una tormenta sobre la selva. ¡Un desastre! Y, mientras tanto, los Truenos iban al mercado de Papantla, ¿se acuerdan?
Apenas iban llegando a Papantla los Truenos, cuando un vendaval les arrancó los sombreros.
–¡Diablos! –gritó el Trueno Mayor al mismo tiempo que salía corriendo por su sombrero.
–¡Las nubes! ¡Miren las nubes! –exclamó el Trueno Viejo, que siempre tenía la buena o la mala fortuna de descubrir lo que estaba pasando.
–¡El muchacho! ¡Esto lo hizo el muchacho! –dijo el Trueno Doble, a quien no era fácil engañar, pues todo lo consideraba por lo menos dos veces.
–¡Ese demonio!
–De seguro ni siquiera puso los frijoles.
¡Dejó sola la casa! –se quejaron los demás hombrecitos.
Mojados de la cabeza a los pies regresaron los Truenos. Con trabajos subieron a su casa, resbalando de vez en cuando, ahogándose casi con el agua.
Apenas entraron sintieron que iban a desmayarse: ¡Jamás habían visto tal desbarajuste! Junto con otras prendas de vestir, las botas, capas y espadas estaban tiradas en total desorden. La escoba flotaba en un charco. ¡Los frijoles se habían quemado! Entre las tres piedras del fogón había únicamente cenizas.
–¡Tras él, tras él, vamos a atraparlo! –exclamó el Trueno Viejo, que había perdido todo su cariño por el muchacho.
–Acabará con el mundo –dijo el Trueno Doble mientras comenzaba a calzarse las botas.
–¿Dónde están mis botas? –preguntó el Trueno Mayor.
–De prisa, de prisa, que los ríos se desbordan.
–De prisa, de prisa, que el viento arranca los árboles.
–¡Mis botas, mi capa, mi espada! –gritaba el Trueno Mayor, desesperado porque no las encontraba.
–De prisa, de prisa, que la tierra se desmorona.
–De prisa, de prisa, que el mar nos arrasará.
–¡Mis botas, mi capa, mi espada! ¡Demonios, se las llevó! –comprendió finalmente el Trueno Mayor.
–De prisa, de prisa, vamos por él –dijeron a coro solamente seis truenos, que salieron para perseguir a Tajín.

Uno de los hombrecitos, el Trueno Mayor, no pudo ir con sus hermanos a perseguir a Tajín. ¿Por qué?
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Felipe Garrido, Tajín y los Siete Truenos. Leyenda totonaca. México, SEP, 1990.
Lectura con 344 palabras
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