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Traspaso de sueños, lectura con sopa de letras

La lectura de hoy es “Traspaso de sueños”, con una rica sopa de letras que resolveremos al final.

Este es un cuento que nos hace preguntarnos ¿podemos hacer un traspaso de sueños? Podríamos así decirle a nuestro mejor amigo, -oye te traspaso el sueño que te conté y me dijiste que te gustó, mucho; pero te lo doy a cambio del que soñaste ayer ,¡eh! Habrá sueños que gustosamente compartiríamos, pero alguno que otro preferimos dejarlo ahí guardado verdad? Bueno, mejor vamos a disfrutar de la lectura:

Traspaso de sueños

traspaso-de-suenos-con-sopa-de-letrasDe pronto dejó de tener pesadillas y se sintió aliviado, pues habían llegado ya a ser una proyección obsedante [que provoca una obsesión] en las paredes de su alcoba.
Descansado y tranquilo en su sillón de lectura, el criado le anunció que quería verlo el señor de arriba. Como para la visita de un vecino no debe haber dilaciones que valgan, lo hizo pasar y escuchó su incumbencia:
–Vengo porque me ha traspasado usted sus sueños.
–¿Y en qué lo ha podido notar?
–Como vecinos antiguos que somos, sé sus costumbres, sus manías y sobre todo sé su nombre, el nombre titular de los sueños que me agobian a mí, que no solía soñar… Aparecen paisajes, señoras, niños con los que nunca tuve que ver…
–¿Pero cómo ha podido pasar eso?
–Indudablemente, como los sueños suben hacia arriba como el humo, han ascendido a mi alcoba, que está encima de la suya…
–¿Y qué cree usted que podemos hacer?
–Pues cambiar de piso durante unos días y ver si se vuelven a usted sus sueños.
Le pareció justo, cambiaron, y a los pocos días los sueños habían vuelto a su legítimo dueño.


Ramón Gómez de la Serna, “Traspaso de sueños” en Edmundo Valadés (comp.), El libro de la imaginación. México, FCE, 1999.

Lectura con 192 palabras


Ahora vamos a resolver una sopa-de-letras con palabras extraídas de la misma lectura, vamos a buscar:

1. traspaso, 2. sueños, 3. pesadillas, 4. obsedante, 5. incumbencia, 6. alcoba, 7. criado, 8. ascendido, 9. costumbres, 10. manías.

La familia: lectura del libro “Familias familiares”

En la lectura de hoy vamos a conocer a una familia muy especial formada por papá, mamá, mi hermana, mi abuela y yo. Vamos a leer un poco del libro:

Familias familiares

Familias familiaresYo no puedo afirmar que seamos una familia de tantas. De que somos raros, lo somos. Claro que de lejitos y sin platicar mucho parecemos una familia normal.
Les voy a contar para que vean que no exagero.
Empecemos por mi papá. Mi papá tiene que tener todo bajo control. Es previsor hasta el límite de lo posible: paga sus impuestos el primer día que abren las oficinas. Compra artículos repetidos por si se rompen o extravían. Por eso tenemos un cuarto lleno de cajas de clips, de decenas de cámaras fotográficas, varios medidores de pulso y unos doce tinacos nuevecitos, sin desempacar.
Por supuesto, ya tiene pagado el funeral de toda la familia, hasta de mi sobrinito que acaba de nacer. Y cuando tenemos que ir a algún lugar nuevo, como por ejemplo a una boda, hacemos simulacros: nos vemos nos arreglamos, compramos el regalo y buscamos la dirección. Practicamos lo que vamos a decir y en dónde vamos a estacionar el coche.
Bueno, pues un día mi papá decidió que para ser el más precavido, iba a operarse. “¿A operarse qué?”, todos preguntamos, pues mi papá tenía una salud de hierro.
–Lo que haga falta –afirmó categórico.
–¿Cómo qué?
–Pues de una vez que me saquen el apéndice, que me operen del corazón y me quiten las anginas. Así yo me organizo para faltar algunos días a la oficina y no pierdo el control de la situación con molestos contratiempos.
–Oye, ¿pero tienes algunas molestias?
–Ninguna –respondió muy campante.
¿Y qué creen? ¡Se operó!
Ahora vamos con mi mamá. Mi mamá es un poco despistada: te puede ofrecer jugos de naranja y huevos revueltos por la noche, y un bistec con un Martini a las siete de la mañana. Es tan distraída que se pierde en su propia casa. Hay que hacerles mapas para que vaya de una recámara a otra. Llama a sus amigas ¡para preguntarles sus números telefónicos!
Toca el turno de presentarle a mi hermana. Mi hermana, aunque es muy guapa, siempre está de mal humor. Ustedes me dirán: bueno, todos tenemos malos ratos. Eso yo lo entiendo, pero imagínense a alguien que siempre, a toda hora, todos los días, está de malas. Cuando mis amigos hablan por teléfono ella les gruñe y, claro, ellos cuelgan.
Por último, está mi abuela. Mi abuela es la ancianita más tierna y dulce… siempre y cuando al platicar con ella no uses palabras que tengan la vocal e. Como supondrán, es muy difícil no decir palabras que tengan e, y si uno se equivoca ella se tira al piso y hace una pataleta tremenda, rompe cosas y echa baba por la boca. Después, se cubre con un sudario –es como una sábana con la que cubren a los muertos, que tienen siempre guardada y planchada en un cajón– y se hace la muerta durante dos días.
Imagínense si yo, con esa familia, me iba a atrever a llevar amigos a casa, organizar fiestas o asistir a lugares públicos en su compañía Pero sucedió algo que me obligó a cambiar esta situación…
Por favor, ¿cómo nos dejan al llegar aquí? ¿Qué pasó? ¿Por qué tuvo que invitar amigos?


Vivian Mansour Manzur, Familias familiares. México, SEP-FCE, 2002.

Lectura con 529 palabras


 

El ojo de Dama Dulce

El ojo de Dama DulceErase una vez una anciana llamada Dama Dulce que se pasaba los días trayendo niños al mundo y cuidándolos. Una nevada noche de invierno recibió la visita de un desconocido: un jinete vestido de negro le suplicó que fuera a cuidar de su hijo, pues la madre estaba enferma.
Dama Dulce estaba acostumbrada a esa clase de peticiones. Metió algunos de sus efectos personales en una maleta y subió al caballo detrás del jinete. La noche era tan oscura y el caballo tan veloz que Dama Dulce no tenía la menor idea de hacia dónde se dirigía.
Al rato llegaron a la casa del desconocido, una cabaña remota bastante acogedora, amueblada con sencillez. Un fuego ardía en la chimenea, de una de las vigas del techo colgaba una lámpara de aceite, y la mujer del desconocido estaba sentada en la cama meciendo a su bebé. Sus otros hijos se habían sentado en diferentes partes de la habitación y leían o jugaban tranquilamente.
La mujer enferma entregó el bebé a Dama Dulce, junto con una pequeña jarra de plata que contenía un ungüento con olor a almendras. “Si el niño se despierta, suavízale los párpados con esto”, le dijo.
Dama Dulce se instaló en la cabaña, y mientras mecía al niño, ayudaba a la madre en las tareas de la casa. Cuando el bebé se despertó, Dama Dulce le untó ambos párpados con una pequeña cantidad de ungüento.
En todos los años que llevaba cuidando niños Dama Dulce no había oído hablar de esta práctica. Los ojos del bebé estaban sanos, y no entendía por qué la madre insistía en que se le untaran los párpados.
Su curiosidad, sin embargo, se vio satisfecha. Un día, cuando nadie la veía, introdujo un dedo en la jarra y se untó un poco de aquel ungüento en el párpado del ojo derecho.
En cuanto lo hizo, la cabaña y sus habitantes se transformaron; era como si los muebles fueran de oro y el fuego de la chimenea ardiera en llamaradas de color azul; el bebé ya no era un querubín de rostro colorado: las orejas eran puntiagudas, los ojos verdes, y los dientes afilados; en la cabeza, en vez de cabello fino y suave, tenía ciempiés.
El desconocido que la había llevado a la casa se había encogido a la mitad de su estatura, y sus manos parecían garras. La madre también se había transformado, la cama en la que yacía estaba hecha de hierba y los niños, a su alrededor, tenían pezuñas en lugar de pies.
Si Dama Dulce cerraba el ojo derecho todo parecía normal, pero en cuánto lo abría volvían las espantosas apariciones. La aterrorizada mujer supo que para conservar la cordura, y quizás incluso la vida, debía salir de inmediato. Soltó aquello que sostenía, y se adentró en la noche.
Dama Dulce no volvió jamás a abrir el ojo derecho; lo selló con la cera de una vela y lo mantuvo cerrado, como la tapa de una tumba.

Brian Patten, El gigante de la historia. México, SEP–Océano, 2004.

Lectura con 498 palabras.

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122.El payaso que no hacía reír

31.Ronda de la niña de mis ojos

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169.Ramón preocupón

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40.Un pozo: la historia del agua en La Tierra

172.Gulliver en Liliput

47.Adivinanzas nahuas

34.¡Ay señora mi vecina!

119.Camino del Norte

34.Diario del universo

123.Nuestra casa

69.El lobo sentimental

28.El perro topil (cuento náhuatl)

178.El hada del lago

53.El hipo de Inés

138.Conjuros para los aprendices de magos

18.La historia de Sputnik y David

23. El portero

74.Sofía, la vaca que amaba la música

104.Bebé a bordo: historia de un embarazo

24. El hombre que no quería trabajar

54.Amigos del alma

111.Una sopa de piedra

83.El truco de Alejandro

66.La mujer que brillaba aún más que el sol

163.Rafa… el niño invisible

100.Axólotl, el ajolote

32.Maravilla de vidrio: Fibra óptica

13. ¡Cuélguenme!

5. Urbano. A la maestra le duele la cabeza

5. Rolf y Rosi

188.La directora del pantano negro

17. Leyenda del Sol y la Luna

35.El pozo de los deseos

17. Los delfines

127.Del pellejo de una pulga y otros versos para jugar

140.El regalo

130.Los espíritus con aspecto de zorro

38.Cuando una gripa se establece

18. Los duendes de la tienda

1. Los colores

107.Pive, chavo, chaval

51.¿Cómo inyecto las medicinas?

28.La bruja mala

8. Mono

12. Huesos

31.Los valientes no asesinan

32.Un amigo

38.El diablo de la botella