La Muralla

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Para hacer esta muralla, 
tráiganme todas las manos: 
Los negros, sus manos negras, 
los blancos, sus blancas manos. 
¡Ay! 
¡Ay! 
Una muralla que vaya 
desde la playa hasta el monte, 
desde el monte hasta la playa, 
allá sobre el horizonte. 
Tun, tun 
¿Quién es? 
Una rosa y un clavel. 
Abre la muralla. 
Tun, tun ¿Quién es? 
El sable del coronel. 
¡Cierra la muralla! 
¡Tun, tun! ¿Quién es? 
La paloma y el laurel… 
¡Abre la muralla!
¡Tun, tun!
¿Quién es?
 El alacrán y el ciempiés… 
¡Cierra la muralla! 
Al corazón del amigo, 
abre la muralla; 
al veneno y al puñal, 
cierra la muralla; 
al mirto y la yerbabuena, 
abre la muralla; 
al diente de la serpiente, 
cierra la muralla; 
al ruiseñor en la flor, 
abre la muralla… 
Alcemos una muralla 
juntando todas las manos; 
los negros, sus manos negras, 
los blancos, sus blancas manos. 
Una muralla que vaya 
desde la playa hasta el monte, 
desde el monte hasta la playa, bien, 
allá sobre el horizonte…

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Nicolás Guillén “La Muralla” en Marinés Medero (comp.), Volvamos a la palabra, México, SEP, 1991
Lectura con 164 palabras.
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Dos poemitas

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El viejo relojero
Ajusta cada día
la máquina del tiempo,
ordena los segundos,
engrasa el universo.
(Sobre su cabeza,
el péndulo viene,
el péndulo va,
y el silencio,
mientras tanto,
hace tic,
hace tac.)
Anclado en su taller,
sin prisa se ha hecho viejo,
sabiendo la hora exacta
de todos sus recuerdos.
El pirata titulado
 En el brazo del pirata
nada el tatuaje de un pez.
En la palma de la mano,
navega el barco
que nunca pudo tener.
Todo su cuerpo es un cromo,
lleva a cuestas mil historias
dibujadas en la piel.
Su bandera desgarrada
sobre el pecho,
el retrato de su loro
junto a un pie.
Pero, ¡ay, pobre pirata!,
el mapa de su tesoro
se lo han tatuado en la espalda,
y no lo ve.

Hay gente a la que le gusta tatuarse.  Y a este pirata le encanta.  Voy a repetir esa poesía, para que vean todo lo que trae encima.
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Juan Carlos Martín Ramos, “El viejo relojero” y “El pirata titulado” en Las palabras que se lleva el viento. México, SEP-Everest, 2004.
Lectura con 156 palabras.
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Un rey poeta

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Lo que vamos a leer hoy es un drama provocado por la ambición: el cruel Tezozómoc mata a Ixtlixóchitl para quitarle su reino, Texcoco, y persigue al heredero, Nezahualcóyotl… Vamos a ver qué sucede.
Al enterarse Tezozómoc de la muerte de Ixtlixóchitl, recompensó a sus asesinos y se hizo proclamar monarca de Texcoco. Decidido a borrar el recuerdo del legítimo rey asesinado y, sobre todo la amenaza que representaba Nezahualcóyotl, comenzó a perseguirlo. Ofreció premios y recompensas a quien lo llevara a su presencia vivo o muerto, y amenazó con castigar a los que lo ayudaran. Varios vasallos leales al príncipe lo ocultaron y llevaron con gran sigilo a la corte de México, donde gobernaba Chimalpopoca, tercer tlatoani mexica y tío materno de Nezahualcóyotl.
Desplazándose continuamente de uno a otro de los señoríos vecinos, “huyendo de día y velando de noche”, como dice uno de sus biógrafos, con paciencia y astucia, Nezahualcóyotl empezó a preparar la reconquista de su reino. Un tiempo se refugió en Tlaxcala. Luego, para estar más cerca de su patria, disfrazado de soldado se trasladó a Chalco. Un día le pidió agua a una mujer que comenzó a gritar para delatarlo. Sin opciones, Nezahualcóyotl la golpeó con su maza para evitar que sus enemigos lo atraparan.
Los chalcas, sin embargo, lo apresaron, lo encerraron en una jaula y lo condenaron a muerte. Pero un hermano del señor chalca, llamado Quetzalmacatzin, se apiadó de él y
cuando llegaron los soldados a ejecutarlo, lo ayudó a huir; cambió sus ropas con el príncipe y se quedó en su lugar en la jaula.
Quetzalmacatzin fue ajusticiado, pero Nezahualcóyotl escapó y pudo ocultarse en Huejotzingo y finalmente de nuevo en Tlaxcala. Allí planeó cómo recuperar su reino.


Vamos a dejar aquí la historia y vamos a leer dos poemas de Nezahualcóyotl, quien fue no sólo un rey sabio, sino un poeta excepcional.


Si yo nunca muriera
Me siento confundido,
me aflijo, pienso digo:
¡Si yo nunca muriera,
si nunca desapareciera!
Que allá donde no hay muerte,
a donde es derrotada,
consiga yo llegar.


¡Si yo nunca muriera,
Si nunca desapareciera!
Compondré una obra de arte
Compondré una obra de arte:
soy poeta y mi canto
perdurará en la tierra.
Por mis cantos voy a ser recordado.


Nezahualcótl tenía razón. Todavía lo recordamos, y seguimos repitiendo sus poemas.

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 Luis Barbeytia. El rey poeta. Biografía de Nezahualcóyotl. México, SEP-CIDCLI. 2006.
Lectura con 387 palabras 
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