¡Tengo piojos!

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Había una vez un piojo muy hambriento; se pegó a un peine y cuando una niña se peinó con él, ¡pum! De pronto el piojo cayó en su cabeza. Vivió tan a gusto es ese cuero cabelludo que enseguida formó una gran familia, toda la familia piojo vivía muy contenta y se multiplicaba con facilidad.
De pronto la niña sintió que algo le picaba en la cabeza, así que se empezó a rascar sin parar. La niña, de tanta comezón, se lo dijo a su mamá, y ella le aplicó un champú para matar a esos piojos. La niña le agradeció a su mamá cuando terminó de peinarla.
Su papá también ayudó a limpiar la ropa y los juguetes para que no quedará rastro de la familia piojo. Sus padres le explicaron a la niña que no debe prestar su gorra y sí tener cuidado en su aseo personal.
Cuando existen piojos, deben eliminarse del pelo todas sus crías, llamadas liendres; de lo contrario, se desarrollarían y saldrían piojos de nuevo. Es aconsejable usar un peine especial que venden en las farmacias. Hay que ir peinando por partes. Para sacar las liendres, que son pegajosas y tienen el aspecto de una semillita, puede ser más fácil utilizar los dedos.
¡Ten paciencia! Erradicar todas las liendres lleva rato y es muy importante que no quede ni una.

¿Cómo descubrió la niña que tenía piojos y qué hicieron su mamá y su papá para ayudarla a eliminarlos?
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Donna Caffey, ¡Tengo piojos! Patrick Girouard, ilus. México. SEP-Juventud, 2003.
Lectura con 245 palabras
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