Todo puede suceder

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–Estamos en un cuento –replicó la rana–. Y en un cuento todo es posible.
–Ah… –se limitó a decir Julio –. Si es así la llevaré conmigo.
–y como no era grande ni pesada, la envolvió en su paliacate, y así andaban.
La rana era muy culta, lo que quiere decir que sabía infinidad de cosas: había estudiado matemáticas y filosofía, y sabía también de historia y geografía. Pero para vivir… lo que se dice vivir… nada de aquello le servía. La pobre se hacía un verdadero lío. Viajaba –supo Julio después– para olvidar un desengaño amoroso. No era alegre, pero estaba llena de dichos, refranes y consejos. A Julio le gustaba oírla hablar. Tenía una opinión sobre cada cosa.
Con la piedra la relación era otra. Julio la miraba y ella se dejaba mirar. Y ahí se estaba quieta, melancólica y pensativa.
–Nos vas a extrañar –sentenció la rana–. Vas a ver…
Y Julio sabía que la rana tenía razón.
Un día tropezaron con un muchacho. Éste pretendió hacerse pasar por amigo pero, cuando hizo confianza, quiso llevarse el reloj del padre del abuelo de Julio.
Fue la piedra la que sospechó y, de algún modo, puso en aviso a la rana, quien le dijo a Julio. Y la rana, como rana, croaba debajo del sombrero; y la piedra, como piedra, apedreaba desde la mano de Julio, y el pillo se vio obligado a correr.
Y así viajaban, contentos de ir juntos; y aunque cada cual a su modo ya los conocían, juntos volvieron a conocer la noche y el día, las nubes, la lluvia, las estrellas, las flores, los árboles, los caminos…
Cuando ya estaban muy próximos a su destino, de repente exclamó la rana:
–¿Y nuestra amiga?, ¿dónde está nuestra amiga la piedra?
 
¿Qué hacen juntos una piedra, una rana y un niño llamado Julio? Bueno, ya quedamos que los libros hay que leerlos completos. ¡A ver quién es el primero que encuentra éste.
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Marinés Medero, “Todo puede suceder” en La pulga aventurera y otros cuentos, Anhelo Hernández, ilus. México, SEP-CONAFE, 2000.
Lectura con 329 palabras
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