Una araña en busca del Sol

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Vamos a leer un mito cheroqui. Los cheroquis han vivido desde tiempos inmemoriales en un rincón de lo que actualmente son los Estados Unidos.
En el principio de los tiempos no había luz de ningún tipo y por consiguiente todos los seres se hallaban sumidos en la más impenetrable de las noches. “¡Lo que necesitamos en este mundo es luz!” decían todos, así que un día se reunieron en consejo para tratar el tema. El Pájaro Carpintero realizó una propuesta: “La gente del otro lado del mundo tiene luz, así que si vamos allá para ver si nos dan un poco”.
Tras discutir, la Zarigüeya dijo: “Yo iré en busca de la luz hasta dar con ella. Tengo una cola muy gruesa y puedo esconderla en ella.” Así que se encaminó hacia el este, escudriñando la oscuridad con sus ojos. Cuando llegó al otro lado del mundo, se encontró con el Sol, del que tomó un trocito y se lo escondió en la cola. Pero como estaba demasiado caliente, acabó quemando la cola de la zarigüeya, de modo que cuando llegó de regreso la luz se había consumido ya del todo.
La siguiente en lanzarse fue el Águila Ratonera, quien tan pronto como hubo llegado al Sol se sumergió en él y se llevó un trocito entre las garras. Tras colocarlo encima de la cabeza, emprendió el viaje de regreso, pero el Sol quemó las plumas de la cabeza del Águila, que se quedó completamente calva y regresó sin el ansiado botín.
De repente escucharon una tímida vocecita que procedía de entre la hierba.
–Han actuado del mejor modo en que son capaces de hacerlo los animales grandes, pero tal vez una criatura pequeñita lo pueda hacer mejor.
–¿Quién dijo eso? –exclamaron los animales.
–Soy su abuela, la Araña –replicó la vocecita–. “Quién sabe si el objeto de mi vida es traerles la luz”.
Entonces la Araña recogió un poco de barro en un recipiente y se dirigió hacia el Sol dejando detrás de ella un hilo.
Cuando por fin llegó al Sol, era tan pequeña que éste ni la vio, así que se acercó hasta él y le arrancó un trocito diminuto que introdujo en el recipiente. Acto seguido regresó
de inmediato al oeste, siguiendo el hilo que había dejado, con la particularidad de que a medida que avanzaba los rayos de Sol se iban haciendo cada vez más y más grandes.
Por ello las telarañas tienen la forma de un Sol radiante y las arañas las tejen por la mañana, en recuerdo de su divina antepasada.
 

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“Una araña en busca del sol” en Mitología: antología ilustrada de mitos y leyendas del mundo. México, SEP–Naturart: Blume 2007.
 Lectura con 429 palabras
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