Una escena de teatro

Estándar
Entra Zenaida, con una carta en la mano.


Zenaida: ¡Don Rosalío! ¡Don Rosalío! ¡Don Rosalío!
Don Rosalío: (Desde fuera) ¿Qué se ofrece?
Zenaida: Venga su merced, que necesito un favor.
Don Rosalío: (Desde fuera) ¿Un favor?
Zenaida: Sí, señor.
Don Rosalío: (Desde fuera) Un favor, ¿como de qué?
Zenaida: Venga usted y le diré.
Don Rosalío: (Desde fuera) Si se trata de dinero, pierde esperanza, que no tengo un tlaco.
Zenaida: No es de dinero.
Don Rosalío: (Desde fuera) Si es de levantar algo muy pesado, tampoco se va a poder.
Zenaida: No hay nada que levantar.
Don Rosalío: (Desde fuera) Si hay que ir a buscar un buey al monte, no me da la gana.
Zenaida: No hay nada que buscar.
Don Rosalío: (Desde fuera) Entonces, ¿qué es lo que quieres, muchacha?
Zenaida: Que mi marido me escribió una carta, y no sé leer.
Entra don Rosalío calándose unas gafas, tiene pelo y barba blancos.
Don Rosalío: Eso sí que me dará mucho gusto, muchacha, que yo para leer es para lo único que sirvo, porque ya estoy muy viejillo. Y más una carta de un muchacho como Juan tu marido, que quiero mucho, por trabajador. A ver, dame acá.
Zenaida le entrega la carta.
Don Rosalío: (Leyendo) “Querida Zenaida, esposa mía: Después de saludarte y de besarte por medio de estas líneas, te digo lo siguiente: que ya acabé mi contrato aquí donde estoy trabajando, aquí a donde vine a buscar el pan para ti y para mí y para nuestros hijos; que todo salió bien, y sin novedad, y que tuve suerte: de manera que regreso…
Zenaida: (Encantada) ¡Regresa!
Don Rosalío: (Leyendo) “… llego el día 17…”


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 Jorge Ibargüengoitia, Piezas y cuentos para niños. México, SEP-Joaquín Mortíz, 2003.
Leectura con 280 palabras
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