Una familia numerosa y rica

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Pequeñitas, de 5 a 10 centímetros, o gigantescas como la carroza que le regaló a Cenicienta su hada madrina; amarillas, verdes, anaranjadas, cafecitas rosas, casi blancas, rojas; alargadas, redondas,

curvas, achatadas, rectas; de piel lisita y suave, o rugosa y áspera, o con rayas profundas, que les marcan gajos como si fueran mandarinas. Las calabazas pueden ser tan diferentes unas de otras porque pertenecen a una familia numerosa, con más de cien variedades.

Cuenta el cronista Diego de Landa que en América las calabazas se usaban “…para comer asadas y cocidas…, las pepitas para hacer guisados…, ya secas como… recipientes o vasos”.
En efecto, de las calabazas se utiliza todo: pulpa, semillas y cáscara. Con esta última, los niños ahora hacen lámparas el Día de Muertos.
Las calabazas son cucurbitáceas de origen americano y sabor delicioso, entre cuyos parientes están el melón, la sandía y el pepino. En América del Sur tiene otros nombres: zapallitos, las calabacitas tiernas y zapallo la grande. Zapallu es una voz quechua.
Las calabazas son un alimento muy popular en toda América: pueden preparase con crema; rellenas de carne o de queso; en budín o en sopa; en guisado, con alubias y maíz; capeadas; con papas en puré; en dulce, cociéndolas con piloncillo o en trozos; y en muchísimas otras formas, todas exquisitas.
¡Se me hace agua la boca!
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Cristina Carbó et al., “Una familia numerosa y rica” en 501 maravillas del viejo Nuevo Mundo 1. México, SEP-Hachette Latinoamericana, 1994.
Lectura con 224 palabras
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